Diez sencillos trucos para desenmascarar a un ogro

La casa del colibrí

ogros

Yo soy una enamorada del amor, y eso me ha hecho conocer mucho.

No existe la persona perfecta, pero sí la que se nos ajusta a la perfección.

Sin embargo, puede suceder que en ocasiones…¡veamos ogros!

O podría ser peor: ¡Que no los veamos y los llevemos encima!

Los ogros son muy escurridizos y podrían ganar el primer premio en una fiesta de disfraces.

Pueden ser ellos y ellas, he visto de todo a lo largo de estos años.

Pero no son infalibles, tienen atributos para ser reconocidos.

¿Y cómo lo vemos?

Lo vemos en sus palabras. Siempre hablamos como somos y somos lo que hablamos.

Por eso, coge papel y lápiz y toma nota de estos diez sencillos trucos para desenmascarar a un ogro:

1. Un ogro puede tener manos de garfio: si tu “príncipe” te dice “Tú eres sólo mía”, salta de la pompa en la que estás…

Ver la entrada original 882 palabras más

Jorgito y su dragón

gran cuento con un mensaje positivo.

La casa del colibrí

A mis padres: por enseñarnos a VER siempre al más débil.

A mi padre, por inocularnos el asco al “todos contra uno”

A mi hermano Javi, por obligar a un niño Sin Nombre a lavarle públicamente la cabeza al niño al que le estalló un huevo como alarde de gallo de corral.

Padres, por vuestras raíces y vuestras lecciones de vida diarias

2016-08-28 22.43.26 [293546] Enrique  Deque-Castaño del Robledo (Huelva), 2016

.

Jorgito era un niño normal, maravillosamente normal, como lo somos todos;  y con todas las diferencias que lo hacían maravillosamente único.

Podía tener orejas grandes o tan pequeñas como un ratón; la nariz como un botón o como la madre de todas las zanahorias; lo mismo sus dientes eran de conejo o eran perlas marinas.

Nuestro Jorgito podía haber estado dentro del grupo de “cracks” que todos hemos tenido en clase y ser colega de “El Cabeza”, de “El Chino”, de “El…

Ver la entrada original 1.139 palabras más

El coleccionista de plumas

La casa del colibrí

dsc_0548.jpg Rocío Toscano-16 agosto 2016-Rincón de la Victoria

-“Lo sé porque me lo ha dicho un pajarito”, dijo mamá.

-“¡Mami, por Dios, los pájaros no hablan!” le contestó rápidamente y con voz solemne Joaquín.

Su voz atravesó el aire, seis pisos de nubes y llegó a la rama número veintitrés del gigantesco Árbol Milenario.

Y allí estaban ellas, todas las aves reunidas en asamblea.

Las dirigía la Gaviota Sabia, que como buena gaviota, era sabia por dominar el aire, la tierra y el mar.

La gaviota hacía todo lo posible por calmar los ánimos.

-“¿Cómoooooo??” Gritó el gorrión enfurecido; porque el gorrión, pese a ser un gorrión,

era chiquitito, pero matón.

-“¡Pues no hablará él! ¡O estará sordete!” reclamó el jilguero,

que a cantar se ponía ligero.

Con tranquilidad y paciencia los serenó el canario

y empezó a explicarles el temario:

“Debemos aprender a comunicarnos.

No es que Joaquín no entienda…

Ver la entrada original 628 palabras más

El coleccionista de plumas — La casa del colibrí

-“Lo sé porque me lo ha dicho un pajarito”, dijo mamá. -“¡Mami, por Dios, los pájaros no hablan!” le contestó rápidamente y con voz solemne Joaquín. Su voz atravesó el aire, seis pisos de nubes y llegó a la rama número veintitrés del gigantesco Árbol Milenario. Y allí estaban ellas, todas las aves reunidas […]

a través de El coleccionista de plumas — La casa del colibrí